Las aerolíneas están sustituyendo sus reglas manuales de tarificación por modelos que recalculan el precio de cada asiento en tiempo real, y el efecto sobre las rutas concurridas es que los chollos se estrechan. Lo cuenta Bloomberg.
Puntos clave
- Hasta ahora la tarificación se hacía con reglas escritas por analistas, del tipo subir un 20% cuando el vuelo alcanza un cuarto de ocupación.
- Los modelos actuales pesan decenas de variables a la vez y recalculan de forma continua.
- Delta y Virgin Atlantic están entre las aerolíneas que adoptan estas herramientas.
- La israelí Fetcherr es uno de los proveedores que empuja el cambio; su plataforma la usan casi una docena de aerolíneas, entre ellas la canadiense WestJet y la brasileña Azul.
- En rutas de baja demanda el mismo sistema puede bajar el precio para llenar plazas.
Qué cambia respecto a lo de antes
Las aerolíneas llevan cuarenta años haciendo gestión de ingresos. Lo que cambia es la granularidad y la velocidad.
Una regla escrita por un analista es lenta y torpe por diseño: se aplica igual el martes que el viernes, y una vez que salta, salta para todos. Un modelo continuo mira ocupación, ritmo de reserva, precio del competidor en esa misma ruta, festivos, eventos y comportamiento histórico del canal por el que llegas, y ajusta.
El resultado es que el margen de error del que vivía el viajero espabilado se comprime. Los huecos entre escalones de precio eran el sitio donde estaba el chollo. Un modelo continuo no tiene escalones.
El matiz que suele faltar en los titulares
No es una subida generalizada. En rutas concurridas, donde el avión se llena solo, el sistema aprende que puede cobrar más y lo hace. En rutas flojas y horarios malos, el mismo sistema tiene incentivo a bajar para no volar con asientos vacíos.
Así que el efecto neto para el viajero depende mucho de por dónde y cuándo vuele. Lo que sí desaparece de forma bastante uniforme es la previsibilidad.
Dónde está la línea roja
Aquí es donde la conversación se pone seria. Una cosa es fijar precio por demanda y otra es fijarlo por persona, usando datos de comportamiento individual para estimar cuánto está dispuesto a pagar cada uno. Eso es lo que algunos ya llaman precios de vigilancia, y es terreno regulatorio caliente en la UE y en Estados Unidos.
La distinción no es teórica: el mismo motor sirve para las dos cosas, y la diferencia está en qué variables se le meten.
Suena a lo que ya vimos con los agentes que pactaron precios entre ellos al gestionar máquinas expendedoras. Cuando le pones a un modelo un objetivo de beneficio y libertad para fijar precio, encuentra caminos que nadie escribió.
Quién lo está vendiendo
Fetcherr, la israelí que Bloomberg señala como uno de los motores del cambio, tiene su plataforma en casi una docena de aerolíneas, entre ellas la canadiense WestJet y la brasileña Azul. Delta y Virgin Atlantic están en la misma ola.
Lo relevante para el resto de sectores es que esto ya no lo construye cada empresa por su cuenta. Es software de terceros que se contrata, y eso significa que la curva de adopción va a ser rápida y que muchas compañías del mismo sector acabarán fijando precio con el mismo motor.
Por qué importa
Si vendes con precio variable (ecommerce, servicios, suscripción), esta noticia es un adelanto de lo que va a llegar a tu sector.
Dos cosas que sí puedes hacer ya. La primera, revisar qué datos alimentan tu precio: por demanda y por inventario es defendible en cualquier auditoría, por identidad del comprador te mete en un problema legal y de marca. La segunda, poner suelos y techos duros. Un motor de precio sin límites explícitos hace cosas raras el día que los datos de entrada vienen mal, y te enteras por Twitter.
Y como comprador de servicios recurrentes: si tu proveedor ha metido tarificación dinámica, tu tarifa histórica ya no es la referencia. Toca renegociar mirando el mercado, no el contrato del año pasado.
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