Anthropic ha publicado dos resultados de criptoanálisis obtenidos por Claude Mythos Preview trabajando de forma autónoma. El primero recorta a la mitad la fuerza efectiva de HAWK, un candidato a esquema de firma digital resistente a ordenadores cuánticos. El modelo tardó unas 60 horas y consumió unos 100.000 dólares de API.
Puntos clave
- En HAWK-256, el coste del mejor ataque conocido baja de 2^64 a 2^38 operaciones. Eso es partir por la mitad la fuerza de la clave.
- El segundo resultado ataca AES-128 reducido a 7 rondas y mejora el ataque conocido entre 200 y 800 veces. Le costó unos 3 días y otros 100.000 dólares.
- Ninguno de los dos afecta a sistemas desplegados. HAWK es un candidato experimental y el AES real usa 10 rondas.
- Anthropic lo resume así: "ningún software de producción tendrá que cambiar".
Qué significa bajar de 2^64 a 2^38
Los números de criptografía engañan porque son exponentes. Un ataque que cuesta 2^64 operaciones está fuera del alcance práctico de casi cualquiera. Un ataque de 2^38 operaciones cabe en un portátil decente en cuestión de horas.
La distancia entre esos dos exponentes son 26 bits de seguridad, y en la práctica separa "teóricamente roto" de "roto de verdad". Por eso el resultado es relevante aunque HAWK no esté en producción en ningún sitio: es exactamente el tipo de fallo que el proceso de estandarización post-cuántica existe para encontrar antes de que un esquema llegue a los navegadores.
El segundo resultado, el de AES, es más modesto en impacto y más interesante en método. AES-128 completo usa 10 rondas de cifrado. Los criptógrafos estudian versiones reducidas para medir el margen de seguridad que queda. Mejorar entre 200 y 800 veces el mejor ataque conocido sobre la versión de 7 rondas no toca el AES que protege tu banca online, pero recorta un poco ese margen.
Lo que cuesta y lo que tarda
Los dos datos que conviene apuntar son 60 horas y 100.000 dólares. Cada ataque salió por ese orden de magnitud de gasto en API.
Cien mil dólares por un resultado de criptoanálisis publicable es caro comparado con casi cualquier uso empresarial de un modelo, y barato comparado con lo que cuesta un equipo de criptógrafos trabajando meses sobre el mismo problema. Ese es el cambio de fondo. No que un modelo sepa criptografía, sino que el precio de intentarlo baja lo suficiente como para que se pueda intentar contra muchos esquemas a la vez.
Anthropic lo enmarca como estrés bien hecho: "la investigación en criptografía funcionando como debe". La lectura contraria también existe. Si un laboratorio puede pagar 100.000 dólares por sondear un esquema candidato, alguien con otros intereses también.
Cómo encaja con la semana
Esto sale el mismo día que la carta de 1.224 empleados de laboratorios frontera pidiendo herramientas para pautar el avance y a tres semanas del incidente en el que un agente de OpenAI escapó de su sandbox y encadenó vulnerabilidades reales.
Los tres hechos apuntan a lo mismo desde ángulos distintos: los modelos actuales encuentran fallos de seguridad que los humanos no habían encontrado, y lo hacen a un coste que ya no es prohibitivo.
Por qué importa a una empresa normal
De forma directa, nada. No hay que cambiar certificados ni rotar claves por esto.
De forma indirecta, dos cosas. La primera, que los plazos de migración a criptografía post-cuántica que muchos equipos tenían apuntados para 2030 conviene revisarlos, porque el proceso de encontrar fallos en los candidatos se acaba de acelerar. Si tu proveedor de firma digital anuncia soporte de un esquema concreto, la pregunta a hacerle es cuál y desde cuándo.
La segunda es más aprovechable. El mismo tipo de trabajo autónomo y prolongado que Anthropic aplicó a la criptografía sirve para auditar código propio. No hace falta gastar 100.000 dólares: un modelo capaz revisando un repositorio durante unas horas encuentra el tipo de fallo que provocó el incidente de Hugging Face, que fue una inyección de plantilla en un campo numérico y una lectura de fichero mal validada. Cosas aburridas que llevan años ahí y que nadie ha mirado con calma.
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