ChatGPT Work aprende tu estilo leyendo tu Gmail y tu Slack

ChatGPT Work aprende tu estilo leyendo tu Gmail y tu Slack
Fuente: x.com

OpenAI ha activado en ChatGPT Work una función que aprende a escribir como tú leyendo lo que ya escribiste en Gmail, Google Drive, Slack y SharePoint. Lo anunció la cuenta oficial de ChatGPT el 7 de septiembre. Conectas las herramientas con las que trabajas cada día y el modelo se queda con tus frases repetidas, tu despedida concreta y tus manías con las mayúsculas.

Puntos clave

  • Cuatro fuentes conectadas: Gmail, Google Drive, Slack y SharePoint.
  • Lo que saca de ahí: frases habituales, nivel de formalidad, cómo abres y cómo cierras un mensaje, longitud de frase, formato y uso de mayúsculas.
  • Se configura desde la web, en Ajustes, Personalización, Estilo de escritura. El estilo resultante se aplica después en web y en móvil.
  • Está en los planes de pago con acceso a ChatGPT Work.
  • Los conectores solo entregan lo que ya tiene permitido la cuenta conectada y la configuración del espacio de trabajo. Se pueden desconectar desde ajustes.

Qué cambia respecto a pegarle un ejemplo

La personalización de un modelo iba hasta ahora por descripción. Le decías que escribiera informal, le pegabas tres correos tuyos de muestra y confiabas en que dedujera el resto. El problema de ese método es el tamaño de la muestra: de tres correos sale una caricatura de cómo escribes, normalmente la versión más formal, porque los correos que uno guarda para enseñar suelen ser los cuidados.

Conectar el buzón entero cambia el material de partida. El modelo ve cómo le escribes a tu jefe y cómo le escribes al del almacén, que no es lo mismo, y ve las cien veces que has cerrado un correo igual sin darte cuenta de que era tu firma. Un archivo de Drive de hace dos años pesa lo mismo que el mensaje de Slack de esta mañana, y de ahí sale un registro más ancho que el de cualquier muestra pegada a mano.

Es la continuación lógica de lo que OpenAI lleva meses cosiendo alrededor de ChatGPT Work. En agosto la herramienta empezó a iniciar sesión en webs por su cuenta y la propia compañía la cifró en 20 millones de usuarios. Cada paso va en la misma dirección: que el modelo tenga acceso a las herramientas donde ya está el trabajo, en lugar de esperar a que se lo cuentes en el chat.

Lo que se ahorra de verdad

El tiempo que desaparece no es el de escribir el correo. Es el de reescribir el borrador que el modelo te devolvió con voz de folleto.

Cualquiera que use un modelo para redactar conoce el ciclo: pides el borrador, sale correcto y sin alma, lo reescribes entero y acabas tardando lo mismo que si lo hubieras escrito tú. La parte cara del asunto está en ese repaso, y ahí es donde el emparejado de estilo se juega si sirve o no.

Para un equipo con volumen de escritura repetida, el cálculo es sencillo. Actualizaciones semanales de proyecto, respuestas a clientes, notas internas, informes que siguen siempre el mismo molde. Si el primer borrador sale ya en el tono de la persona que firma, el repaso pasa de reescritura a revisión. Media hora al día por persona en un equipo de diez es una jornada larga por semana.

Para quien escribe poco y siempre distinto, el ahorro es mucho menor. Conviene medirlo antes de contarlo como victoria.

El precio: cuánto de tu escritura le enseñas

Aquí está lo que un responsable de tecnología va a mirar primero, y con razón.

Conectar Gmail, Drive, Slack y SharePoint significa dar al modelo una ventana a la correspondencia real de la empresa. OpenAI dice que los conectores respetan los permisos de la cuenta conectada y la configuración del espacio de trabajo, es decir, que el modelo no ve nada que el usuario no viera ya. Eso está bien como suelo y no responde a la pregunta de gobierno: quién decide en tu empresa qué cuentas se conectan, con qué alcance y quién lo revisa cada trimestre.

Anthropic empujó en esa dirección hace dos semanas al poner los conectores bajo control del administrador, que es exactamente el tipo de palanca que un departamento de sistemas necesita antes de dejar entrar esto en producción. Si en tu empresa la conexión la puede activar cualquiera desde sus ajustes, tienes una decisión de seguridad tomada por defecto y sin dueño.

Hay un segundo coste, más callado. El modelo copia el estilo que encuentre, no el que te gustaría tener. Si el correo interno de tu empresa está lleno de párrafos de doce líneas y de fórmulas de cortesía que nadie lee, el emparejado de estilo va a producir más de eso, con más velocidad. La herramienta amplifica el material que le das.

Qué haría yo el lunes

Tres cosas concretas, por orden.

Primero, decidir quién puede conectar qué. Antes de que lo active nadie, no después.

Segundo, probarlo con una sola persona del equipo que escriba mucho y siempre parecido, durante una semana, midiendo cuántos borradores salen publicables sin tocar. Ese porcentaje es el dato que decide si merece la pena extenderlo, y es un número que se puede levantar en cinco días.

Y tercero, mirar qué está copiando. Si el estilo que sale es el que quieres que represente a la empresa fuera, adelante. Si es el que arrastráis desde hace años porque nadie lo ha revisado, este es un buen momento para arreglar el original antes de multiplicarlo.

Fuente original: X


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