OpenAI propone dar al gobierno de EEUU un 5% de su capital, y que los demás labs hagan lo mismo

OpenAI propone dar al gobierno de EEUU un 5% de su capital, y que los demás labs hagan lo mismo
Wikimedia Commons

El Financial Times adelanta, y lo recogen Bloomberg y CNBC, que OpenAI está en conversaciones preliminares para hacer algo que hace un año habría sonado impensable: darle al gobierno de Estados Unidos un 5% de la empresa. Ojo con cómo se lee esto. Es una propuesta en fase de charla, según fuentes, no un acuerdo firmado. Pero la dirección dice mucho.

Qué propone OpenAI

La idea no se queda en OpenAI. Sam Altman y otros ejecutivos plantean un esquema más amplio: que Washington tenga un 5% de cada gran desarrollador de IA del país, incluidos Anthropic, Google y Meta. No está nada claro que los demás vayan a aceptar, y ahí está la primera trampa de la propuesta: OpenAI la lanza para todos, pero de momento solo habla por sí misma.

Las cifras ayudan a entender el tamaño. Un 5% de OpenAI valdría unos 42.600 millones de dólares, tomando la ronda de marzo que valoró la empresa en 852.000 millones. No es un gesto simbólico, es una participación que convertiría al Estado en uno de los mayores accionistas de la compañía.

De dónde sale la idea

El modelo que se cita es el Alaska Permanent Fund, el fondo soberano con el que el estado de Alaska invierte la riqueza de su petróleo en bolsa y reparte dividendos a sus ciudadanos. Trasladado a la IA, el argumento de Altman es que, si esta tecnología va a generar una riqueza enorme, el público debería participar de ella en vez de que se quede solo en manos privadas. Dicho así suena generoso. Visto de cerca, también es una jugada defensiva.

Por qué OpenAI querría regalar un 5%

Nadie regala 42.000 millones por bondad. La lectura más honesta es que OpenAI compra algo a cambio: paz política. El sector está bajo presión regulatoria creciente, y una empresa que le da al Estado una parte del pastel se convierte de golpe en un socio, no en un objetivo. CNBC lo enmarca justo así, como forma de calmar el "political blowback". Cuando el gobierno es accionista, tiene interés en que te vaya bien.

El precedente ya lo vimos esta semana

Esto no sale de la nada. Hace días, Estados Unidos tuvo congelado el Fable 5 de Anthropic con controles de exportación, y el modelo volvió con el compromiso de dar al gobierno acceso anticipado a los próximos modelos frontera. El Estado ya se estaba metiendo en la IA por la puerta del control. Esta propuesta abre otra puerta, la de la propiedad. Primero el acceso, ahora el capital. La frontera entre la industria de la IA y el gobierno de EEUU se está borrando rápido.

Cuánto dinero es esto de verdad

Conviene dimensionar la cifra, porque 42.600 millones de dólares se dice rápido. Es más de lo que factura en un año buena parte de las empresas del Ibex 35 juntas. Es la porción que OpenAI estaría dispuesta a ceder solo para comprar tranquilidad política. Y hay un detalle que lo hace más llamativo todavía: OpenAI aún pierde dinero. Que una empresa que no da beneficios maneje magnitudes así dice hasta qué punto la valoración de la IA se ha despegado de sus ingresos reales. Que su jugada defensiva sea regalar decenas de miles de millones, en vez de apretarse el cinturón, dice cuánto vale para ella tener al gobierno de su lado en lugar de enfrente.

El problema de un regulador que también es dueño

Aquí está la pega gorda que la propuesta no resuelve. El gobierno de EEUU es quien regula a OpenAI: le pone límites, le abre investigaciones, decide qué puede exportar. Lo vimos hace días con los controles a los modelos de Anthropic. Si además se convierte en accionista, entra en un conflicto de intereses de manual. Un regulador que gana dinero cuando a la empresa le va bien tiene menos ganas de frenarla cuando toca. La línea entre vigilar el sector y beneficiarse de él se emborrona. Y eso, que suena a tecnicismo, es justo lo que hace que estas cosas acaben en los tribunales o en el Congreso antes de cuajar.

Si unos entran y otros no

La propuesta esconde una trampa competitiva. OpenAI la lanza para todo el sector, pero cada empresa decide por su cuenta. Si OpenAI le da un 5% al gobierno y Anthropic o Google se niegan, OpenAI se compra un trato de favor: el Estado, como socio, tiene motivos para allanarle el camino frente a los que se quedaron fuera. Y si al final entran todos, lo que queda es una participación pública en toda la industria de la IA estadounidense a la vez, algo que se parece bastante a una nacionalización parcial pactada. Ninguno de los dos escenarios es neutro, y por eso la conversación, aunque sea temprana, no es un detalle de portada: dibuja quién va a mandar en la próxima década de la IA.

Por qué importa

Aunque no salga adelante, la propuesta marca hacia dónde va la relación entre la IA y el poder. Para cualquiera que construya sobre estos modelos, esto no es ruido de Washington: es un aviso de que las reglas del juego las va a co-escribir el Estado, con acceso, con capital o con ambos. Un gobierno accionista puede proteger a sus empresas, pero también empujar sus prioridades dentro de ellas. Y no es solo cosa de Estados Unidos: si allí el Estado entra en el capital de la IA, la pregunta de quién controla esta tecnología va a llegar a Europa detrás, con o sin la misma respuesta. Para el mercado, que la mayor empresa de IA hable de ceder un 5% dice algo del momento: en plena euforia de valoraciones, la jugada más lista quizá no sea crecer más, sino asegurarse de que el que pone las reglas esté de tu lado. El matiz, otra vez: es una conversación, no un hecho. Conviene seguirla, no darla por cerrada.


Relacionado