SAP ha parado los viajes y casi todas las contrataciones para pagar lo que le está costando la IA. El consejo ejecutivo de la mayor empresa de software de Europa mandó el memo interno la noche del 1 de julio y, según 404 Media, los congelamientos siguen vigentes en agosto. El motivo que da la compañía es directo: el consumo de tokens sube según van entrando en producción más escenarios de IA.
No es una empresa recortando por una mala racha. Es una empresa con 30.000 millones de ingresos recortando gastos corrientes para financiar su factura de inferencia.
Puntos clave
- El memo congela tres partidas: viajes no esenciales, contrataciones nuevas salvo perfiles seleccionados y gasto con proveedores.
- Las excepciones son claras. El trabajo de cara al cliente sigue financiado al completo, igual que los proyectos de IA considerados centrales y los roles que los ejecutan.
- SAP está desplegando una herramienta interna de IA a toda la compañía, y ese despliegue es parte de lo que dispara el gasto.
- El CEO Christian Klein se ha puesto al frente del desarrollo de producto de IA bajo un programa llamado Project Fuji.
El coste de los tokens ya sale en el presupuesto
Durante dos años, el gasto en IA de las empresas grandes se ha contado como inversión en innovación: presupuesto acotado, pilotos, alguna licencia. Lo que enseña el memo de SAP es la fase siguiente, la que llega cuando los pilotos pasan a producción y el consumo deja de ser una línea pequeña.
La frase que circula internamente es que hay que ser disciplinados en cómo se gasta. Traducido a la práctica: SAP también está limitando el uso de IA entre sus propios empleados mientras despliega la herramienta nueva. Frena por un lado lo que empuja por el otro.
Es un detalle que conviene retener. La misma empresa que vende IA a sus clientes está racionando internamente el acceso a la suya porque no le salen las cuentas al ritmo actual.
Klein ha apostado la empresa entera
El contexto de la casa explica la urgencia. La acción de SAP cae alrededor de un 33% en lo que va de 2026, castigada por el miedo del mercado a que la IA se coma la demanda de software empresarial tradicional. Cuando cualquiera puede montarse encima de un modelo lo que antes compraba en licencias, el foso de SAP se estrecha.
Klein ha respondido girando la empresa hacia la IA con dos reorganizaciones en lo que va de año. Las dos han ido en la misma dirección: acercar IA, datos y aplicaciones centrales, y poner más cosas bajo su supervisión directa. Project Fuji es la última pieza de ese movimiento.
Lo que SAP insiste en repetir es que esto no es un plan de despidos. En vez de reducir plantilla, dice que está revisando prioridades de gasto de forma continua para concentrar recursos donde la IA da retorno medible, y moviendo trabajadores a puestos que usen esas herramientas de forma más intensa. Los perfiles que sí se contratan son de IA central.
Ese matiz importa, aunque en la práctica un congelamiento de contrataciones y una reubicación interna se parecen bastante a una reducción silenciosa de plantilla por la vía de no reponer bajas.
Por qué importa
Aquí hay una lección que vale para cualquier empresa que esté metiendo IA en sus procesos, y no tiene nada que ver con el tamaño de SAP.
El coste de un proyecto de IA no está en la fase de construcción, está en la de uso. Un piloto con veinte personas cuesta cuatro duros. El mismo proceso con toda la empresa dentro, corriendo todos los días, con reintentos y contexto largo, es otra factura. Y esa factura crece justo cuando el proyecto empieza a funcionar bien, que es la parte contraintuitiva.
Antes de escalar cualquier automatización, calcula el coste por ejecución y multiplícalo por el volumen real, no por el del piloto. Si el número no aguanta, el problema no es el proveedor: es que el proceso no estaba pensado para correr a ese precio. Ahí es donde se decide si una automatización se queda o se apaga a los seis meses.
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