Los siete cofundadores de Anthropic quieren seguir mandando cuando la empresa cotice. Según adelanta The Information y recoge TechCrunch, la compañía va a pedir a sus accionistas "en los próximos días" que aprueben una clase de acciones especiales que daría a Dario Amodei y a sus seis socios fundadores el 50,1% del voto en la mayoría de asuntos.
Anthropic no lo ha confirmado. Es un reporte de prensa con fuentes, no un comunicado, y así hay que leerlo.
Puntos clave
- 50,1% del voto conjunto para los siete cofundadores en la mayoría de decisiones corporativas.
- Condición: que al menos tres de ellos mantengan una participación mínima en la empresa.
- Sin premio económico. Las acciones nuevas dan votos, no más dividendos ni más dinero en una venta.
- El Long-Term Benefit Trust sigue eligiendo a la mayoría del consejo. Los fundadores pasarían de 2 a 3 consejeros y los empleados tendrían sus propias acciones para desempatar en algunos asuntos.
- Contexto de valor: 965.000 millones de dólares en la ronda de mayo y 1,5 billones en el mercado secundario estos días.
Quiénes son los siete y cuánto tienen
Los cofundadores son Dario Amodei (consejero delegado), Daniela Amodei, Jared Kaplan, Sam McCandlish, Tom Brown, Chris Olah y Jack Clark. Según The Information, cada uno tiene en torno al 2% del capital, Dario incluido. Sumados, rondan el 14%.
Con ese 14% hoy no controlan nada en una junta. Y tras una salida a bolsa, con los grandes inversores (Amazon, Google, los fondos de las últimas rondas) y el capital nuevo que entre, su peso bajaría todavía más. Las acciones especiales separan la propiedad del voto: tener poco del negocio y aun así decidir.
Hay un dato que hace el caso más raro que el de otros fundadores. En enero, Amodei anunció que los siete se comprometían a donar el 80% de su patrimonio, junto a un aviso de que la concentración de riqueza que traiga la IA puede desestabilizar la sociedad. Así que el control que piden no va ligado a hacerse más ricos: las acciones nuevas no valen más dinero.
Esto ya lo hicieron Meta, Snap y Palantir
Las acciones de voto reforzado son la norma en las tecnológicas que salen a bolsa con fundador fuerte. Mark Zuckerberg controla Meta así, y Evan Spiegel hizo lo mismo en Snap.
La comparación que usa The Information es Palantir. Allí, Alex Karp, Stephen Cohen y Peter Thiel tienen desde su salida a bolsa en 2020 unas acciones de clase F que pueden llegar a controlar hasta el 49,999999% del voto total. Es un bloque fijo que no se diluye aunque vendan acciones normales.
Lo distinto en Anthropic es el número. Blindar el voto de una persona es fácil. Hacerlo para siete, con la condición de que al menos tres sigan dentro, es un bloque que depende de que el grupo se mantenga unido durante años de empresa cotizada.
El Long-Term Benefit Trust, la otra pieza
Anthropic ya tenía un sistema de gobierno poco habitual. Es una Public Benefit Corporation de Delaware, una sociedad que por estatutos puede sopesar el interés público además del de los accionistas. Y encima tiene el Long-Term Benefit Trust, un fideicomiso independiente de hasta cinco miembros sin interés económico en la empresa.
El fideicomiso tiene una clase de acciones propia, la clase T, que le da poder para nombrar y cesar a una parte del consejo que ha ido creciendo hasta ser mayoría. Entre sus miembros actuales están Richard Fontaine (Center for a New American Security), Mariano-Florentino Cuéllar (Carnegie Endowment) y, desde julio, Ben Bernanke, expresidente de la Reserva Federal.
Según el reporte, eso no cambia: el fideicomiso seguiría eligiendo a la mayoría del consejo. Lo que cambia es todo lo demás que se vota en una junta. Quedaría un reparto a tres bandas: el fideicomiso vigila el consejo, los fundadores controlan la junta y los empleados desempatan en algunos temas. Los inversores de la salida a bolsa comprarían exposición económica con muy poca voz.
El calendario de la salida a bolsa
Esto encaja con el resto de movimientos del último mes. Anthropic amplió su línea de crédito hasta 15.000 millones con Morgan Stanley, Goldman Sachs, JPMorgan y Citi, los mismos bancos que llevan la operación. Nvidia estudia entrar con hasta 10.000 millones como inversor ancla. Y según Reuters la gira con inversores no empezaría antes de mediados de octubre, con una valoración que algunos sitúan en 2 billones de dólares.
Aprobar la estructura de voto antes de cotizar tiene lógica. Cambiarla después exige convencer a miles de accionistas públicos; hacerlo ahora solo requiere a los actuales, que ya conocen a los fundadores y han firmado con ellos.
Por qué los fundadores lo quieren ahora
La explicación oficial no existe, porque la empresa no ha dicho nada. Pero el momento habla solo.
Anthropic acaba de perder en apelación su pleito contra el Pentágono, un conflicto que nace precisamente de una decisión de los fundadores: negarse a que Claude se use en armas autónomas y vigilancia masiva, aun a costa de un contrato de 200 millones. En una empresa cotizada, un bloque de accionistas podría presionar para ceder en eso. Con el 50,1%, esa presión no tiene votos detrás.
Es un argumento con dos caras. Quien confíe en el criterio de los siete verá una garantía de que la política de uso no se venderá por un trimestre. Quien no, verá a siete personas con el control de una empresa de billones de dólares y sin contrapeso real en la junta.
Por qué importa
Para una empresa que usa Claude, la estructura de propiedad de su proveedor rara vez es una preocupación. Aquí sí dice algo útil: las decisiones sobre qué se puede y qué no se puede hacer con el modelo las van a seguir tomando las mismas personas durante años, cotice o no cotice la empresa.
Eso da previsibilidad. Si te gusta cómo Anthropic gestiona límites, privacidad y usos permitidos, es buena noticia. Si tu negocio depende de que el proveedor ceda ante un cliente grande, es mala. En los dos casos, conviene saberlo antes de atar a Claude los procesos más críticos de tu empresa.
Fuente original: TechCrunch
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