La factura eléctrica de la IA acaba de tener número. BloombergNEF calcula que en 2035 los centros de datos consumirán una quinta parte de toda la electricidad que se genera en Estados Unidos. Es cuatro veces lo que gastan hoy, y un 83% más de lo que la propia consultora preveía en diciembre. La cifra que sube no es la potencia de cálculo, es la energía que hace falta para moverla.
Puntos clave
- Los centros de datos consumirán una quinta parte de la electricidad de EEUU en 2035, según BloombergNEF.
- Ese consumo es cuatro veces el actual, y la previsión es un 83% más alta que la de diciembre.
- La capacidad de centros de datos rozará los 200 GW en la próxima década, con casi la mitad dedicada a entrenar y servir IA.
- Para 2033, los nuevos centros generarán 1.935 TWh de demanda anual mundial, cerca del consumo total de India.
- En la red eléctrica PJM serían el 34% de la electricidad; en Texas (ERCOT), el 22% de la capacidad de generación.
Lo que dicen los números
El salto es lo llamativo. Que una previsión suba un 83% en apenas medio año dice que ni los propios analistas iban al ritmo de la demanda. No es solo BloombergNEF: el EPRI dobló su estimación de 2024 y S&P Global subió la suya un tercio entre octubre y abril. Todos corrigiendo al alza y en la misma dirección.
El detalle que aterriza la escala es la comparación global. Para 2033, los centros de datos nuevos añadirán 1.935 TWh de demanda eléctrica al año en todo el mundo. Eso se acerca a lo que consume India entera. Y casi la mitad de los 200 GW de capacidad que se van a construir en la próxima década irá a entrenar y hacer funcionar modelos de IA. La concentración también importa: para 2033, EEUU acumulará el 64% de los chips de IA del mundo medidos por consumo de energía.
Dónde aprieta ya
Esto no es un problema de 2035, ya se nota en la red. En PJM, el mayor operador eléctrico de EEUU, los centros de datos irían camino del 34% de la electricidad. En Texas, la red ERCOT tendría el 22% de su capacidad de generación dedicada a ellos. Son porcentajes que tensionan la red y que, al final, alguien paga: por eso el debate sobre quién asume la subida de las facturas se ha vuelto político.
La otra cara es la carrera por gastar menos. No es casualidad que Google prepare Frozen v2, un chip para que Gemini consuma entre 6 y 10 veces menos energía, ni que en China se enciendan centros de 1 GW con silicio propio. La eficiencia energética ha dejado de ser un detalle técnico para convertirse en una ventaja competitiva: el que sirva el mismo modelo gastando menos luz, gana margen.
El debate ya ha llegado a la política. Varias eléctricas de EEUU han salido a prometer que protegerán al consumidor de que la factura de la IA se le cargue en su recibo, justo porque el riesgo es real: cuando un centro de datos se lleva un tercio de la electricidad de una región, la subida de precios acaba tocando a los hogares y a las empresas de al lado. Quién paga la expansión, si las tecnológicas o el ciudadano de a pie, es una pelea que no ha hecho más que empezar.
Por qué importa
Para una empresa que usa IA, esto va a acabar tocando el bolsillo. La energía es hoy el cuello de botella real del sector, y cuando un recurso escasea, sube de precio. Eso puede traducirse en tarifas de IA más caras o en límites de acceso cuando la capacidad aprieta. La lectura práctica es doble: elegir modelos y proveedores mirando también su eficiencia, no solo su potencia, y no dar por hecho que el coste por token va a bajar para siempre. La factura de luz de los centros de datos, tarde o temprano, se reparte.
Relacionado


