Cinco de las mayores tecnológicas de Estados Unidos cargan con 1,65 billones de dólares en deuda que no aparece en sus balances, más de la que sí declaran. Lo calcula un informe de Nikkei Asia sobre Alphabet, Microsoft, Amazon, Meta y Oracle. Su deuda reportada suma unos 1,35 billones. La oculta, ligada a la IA, la supera. Y a los inversores les está empezando a poner nerviosos justo cuando la mayoría de estas empresas presenta resultados en las próximas dos semanas.
Puntos clave
- La deuda fuera de balance de los cinco gigantes suma 1,65 billones de dólares, según Nikkei Asia.
- Es más que su deuda declarada, de unos 1,35 billones.
- Son contratos de suministro de GPU y arrendamientos de centros de datos que no se contabilizan hasta que las instalaciones funcionan.
- La deuda oculta de Meta ronda los 420.000 millones, casi el triple de su deuda transparente.
- Se ha multiplicado por ocho en unos cuatro años con el gasto en IA.
Qué es esa deuda que no se ve
Pedir dinero prestado para crecer es rutina en cualquier empresa. Lo que hace especial este caso es dónde está metida la deuda. No son bonos ni préstamos al uso, que sí se anotan. Son compromisos de otro tipo: contratos para comprar GPU durante años y contratos de alquiler a largo plazo de centros de datos. Obligaciones de pago reales, a veces enormes, que las normas contables no obligan a reflejar en el balance hasta que la instalación entra en funcionamiento.
Mientras el centro de datos se construye, ese compromiso vive en la letra pequeña. El resultado es que la foto financiera que ve el inversor enseña menos apalancamiento del que la empresa arrastra de verdad. Nikkei calcula que esa deuda invisible se ha multiplicado por ocho en unos cuatro años, al ritmo del gasto en IA.
El caso Meta
El ejemplo que más llama la atención es Meta. Su deuda fuera de balance ronda los 420.000 millones de dólares, casi el triple de su deuda transparente. Es el tipo de cifra que cambia por completo cómo lees la salud financiera de una empresa: no es lo mismo una compañía con equis de deuda que la misma con tres veces esa cantidad en compromisos que no salen en el balance principal.
No es un problema exclusivo de Meta. Es el patrón de todo el sector, que está financiando la carrera de la IA con contratos a años vista apostando a que la demanda de cómputo siga subiendo. Ya lo vimos con el plan de OpenAI de gastar 750.000 millones en infraestructura hasta 2030, un compromiso de pago que sigue en pie aunque la demanda no crezca al ritmo previsto.
Lo que hay en juego
The Atlantic pone la otra cara del riesgo. Estima que las empresas ligadas a la IA han sumado unos 27 billones de dólares de valor en tres años, alrededor de un 36% de toda la bolsa estadounidense. Es decir, una parte enorme del mercado descansa sobre estas mismas compañías. Si la demanda de IA no acompaña y esos centros de datos salen más caros de lo que rinden, la deuda oculta empieza a vencer a la vez que se enfría el optimismo. Y una caída de estas acciones no se quedaría en el sector tecnológico, arrastraría a toda la economía.
De ahí que las próximas dos semanas importen. La mayoría de estas empresas presenta cuentas, y los inversores van a mirar con lupa cuánto de ese gasto en IA se está convirtiendo en ingresos y cuánto sigue siendo una promesa.
Por qué importa
Para una empresa que usa IA en sus procesos, esto tiene una lectura muy concreta. La infraestructura sobre la que corren Claude, ChatGPT o Gemini se está pagando con deuda y con contratos opacos, en una apuesta a que la demanda no pare de crecer. Mientras dure la fase de construcción, tú te beneficias: más cómputo disponible presiona los precios por token a la baja. El riesgo es atarte a tarifas o contratos largos con un solo proveedor justo cuando el suelo se mueve tanto. Conviene poder cambiar de modelo o de proveedor sin dolor, y no montar tu operación crítica encima de una sola pieza cuyo precio depende de que la burbuja siga inflándose.
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