La responsable de ética de OpenAI, Chloé Bakalar, se va antes de cumplir un año

La responsable de ética de OpenAI, Chloé Bakalar, se va antes de cumplir un año
Foto: Brusk Dede / Unsplash

Chloé Bakalar, responsable de ética de OpenAI, ha dejado la compañía antes de cumplir un año en el puesto, según publica Superhuman AI. Es la tercera salida del área de seguridad en dos meses, después de que en julio se marcharan Johannes Heidecke, responsable de seguridad, y Joshua Achiam, jefe de futurismo. Llega además en la misma semana en la que Brad Lightcap anunció que deja la dirección de operaciones.

Puntos clave

  • Bakalar se incorporó a OpenAI hace menos de un año como responsable de ética.
  • Julio se llevó a Johannes Heidecke (seguridad) y a Joshua Achiam (futurismo).
  • Brad Lightcap, director de operaciones y una de las figuras más veteranas de la casa, también sale.
  • La información la publica Superhuman AI; OpenAI no ha dado detalles públicos de los motivos.

Cuatro salidas, un patrón

Las bajas de un comité de dirección se leen mal de una en una y bien en conjunto. Aquí el conjunto tiene una forma reconocible: tres de las cuatro salidas son de los equipos que ponen límites, y la cuarta es del ejecutivo que llevaba las operaciones comerciales.

Ética, seguridad y futurismo son las tres funciones que en un laboratorio de IA existen para decir que no. No construyen producto ni cierran ingresos. Su trabajo consiste en frenar cosas que otros equipos quieren lanzar.

Que las tres roten en dos meses admite dos lecturas y ninguna es tranquilizadora del todo. O el laboratorio ha cambiado el peso que le da a esa función, o quienes ocupaban esos puestos concluyeron que ya no tenían capacidad para ejercerla.

Que Bakalar durara menos de un año es el dato más elocuente. Nadie deja un puesto así en once meses si el trabajo va bien.

El contexto competitivo

Esto pasa mientras OpenAI aprieta en varios frentes a la vez. Business Insider publicaba esta misma semana que la compañía le ha encontrado una grieta al liderazgo de Anthropic en IA de empresa. Y la semana ha traído además el lanzamiento de la app de escritorio de ChatGPT para Linux y la entrada de anuncios en ChatGPT en cinco países de la Unión Europea.

Una compañía que mete publicidad en su producto principal, pelea cuentas corporativas y pierde a la vez a sus cuatro perfiles de gobernanza y operaciones está haciendo un cambio de fase, no un ajuste de plantilla.

Hay que decir también lo que no se sabe. OpenAI no ha explicado los motivos de ninguna de las cuatro salidas, y ni Bakalar ni los demás han dado una versión pública detallada. Que cuatro personas se vayan en dos meses admite explicaciones aburridas: reorganizaciones, cambios de reporte, ofertas mejores en un mercado que paga cifras absurdas por este perfil. Lo que no admite es leerse de una en una.

Por qué importa

Para quien tiene ChatGPT o la API de OpenAI metida en procesos de su empresa, el efecto no es de servicio. Nada se cae porque cambie un director.

Donde sí importa es en la previsibilidad de la política de uso. Los equipos de ética y seguridad son los que definen qué se puede hacer con el modelo, qué se filtra y qué datos se retienen. Cuando esa capa rota entera, la política puede moverse, y si habéis construido un proceso encima de un comportamiento concreto del modelo, conviene tener alternativa probada.

Es la misma lección que dejó la fuga de arquitectos de Gemini en Google: en este mercado, la gente que define el producto cambia de silla cada pocos meses. Atar un proceso crítico a un único proveedor, sin haber probado que funciona con otro, es una decisión que se paga tarde.


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