Los anuncios de ChatGPT ya están fuera de Estados Unidos. OpenAI ha confirmado el 11 de agosto que su programa de publicidad ha llegado a Reino Unido, México, Brasil, Japón y Corea del Sur, los cinco mercados que había anunciado en mayo. En la lista no hay ni un país de la Unión Europea.
Puntos clave
- ChatGPT Ads está activo en Reino Unido, México, Brasil, Japón y Corea del Sur desde el 11 de agosto de 2026, además de Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
- Los anuncios solo se muestran a usuarios adultos registrados de los planes Free y Go. Plus, Pro, Business, Enterprise y Education siguen sin publicidad.
- OpenAI elige qué anuncio enseñarte cruzando el tema de la conversación, tus chats anteriores y cómo has reaccionado a anuncios previos.
- Los anunciantes no ven tus chats, tu historial, tus memorias ni tus datos personales. Reciben vistas y clics agregados.
Seis meses de piloto contados en tres actualizaciones
La historia se lee entera en el mismo post, que OpenAI viene actualizando desde febrero en lugar de publicar uno nuevo cada vez. El 9 de febrero de 2026 arrancó la prueba en Estados Unidos con una frase que sigue siendo el argumento central: mantener los planes Free y Go rápidos y fiables cuesta dinero, y la publicidad ayuda a pagarlo.
El 26 de marzo llegó el primer balance. OpenAI dijo no ver impacto en sus métricas de confianza del usuario, que las tasas de descarte de anuncios eran bajas y que la relevancia mejoraba con el feedback. Con eso justificó salir de Estados Unidos: Canadá, Australia y Nueva Zelanda.
El 7 de mayo anunció la intención de entrar en cinco mercados más. El 11 de agosto los da por lanzados. Tres meses entre el aviso y la puesta en marcha, y una ampliación de mercados que la empresa dice que seguirá este año.
Qué se cruza para decidir el anuncio
Aquí está la parte que conviene leer despacio si trabajas con datos de clientes. Durante la prueba, OpenAI decide qué anuncio mostrarte emparejando los anuncios que envían los anunciantes con tres señales: el tema de tu conversación, tus chats anteriores y tus interacciones previas con anuncios. Su ejemplo es inocente: si preguntas por recetas, puedes ver anuncios de kits de comida o de reparto a domicilio. Si compiten varios anunciantes, gana el más relevante para ese chat.
La empresa marca varios límites. Los anunciantes no acceden a chats, historial, memorias ni datos personales, solo a datos agregados de rendimiento. No se muestran anuncios en cuentas de menores de 18 años, ni declarados ni predichos por el sistema. Y los anuncios no pueden aparecer cerca de temas sensibles o regulados como salud, salud mental o política.
El usuario tiene mando: puede descartar un anuncio, dar feedback, consultar por qué se le muestra ese en concreto, borrar sus datos de publicidad de un toque y gestionar la personalización cuando quiera. En el plan Free hay una salida más radical: renunciar a los anuncios a cambio de menos mensajes gratis al día. O pagar Plus o Pro.
La promesa que OpenAI repite en cada actualización es que las respuestas no cambian. Los anuncios van siempre etiquetados como patrocinados y separados visualmente de la respuesta orgánica. Es la línea que sostiene todo el edificio, porque el día que un usuario sospeche que la recomendación viene comprada, el producto pierde lo único que lo hace útil.
El hueco europeo
Ni España ni ningún país de la Unión Europea está en la lista. Reino Unido sí, y eso es lo que hace visible el patrón: el mercado que OpenAI ha abierto en Europa es justo el que quedó fuera del bloque. México y Brasil entran, Japón y Corea del Sur entran.
OpenAI no explica el criterio en el post, así que aquí no hay más que la lista. Pero el contexto regulatorio pesa: el AI Act ya obliga a etiquetar deepfakes y chatbots con multas de hasta 15 millones desde el 2 de agosto, y la publicidad dentro de una interfaz conversacional toca a la vez transparencia, perfilado y datos personales.
Por qué importa
Si vendes algo, se está abriendo un inventario publicitario nuevo dentro de la herramienta donde tus clientes van a decidir qué comprar, no a buscarlo. Eso es distinto de una búsqueda en Google y distinto de un feed social: el usuario llega con una intención ya formulada en lenguaje natural. Quien aprenda pronto a escribir para ese formato tendrá ventaja, igual que la tuvo quien entendió Google Ads en 2004.
Para una empresa española, hoy es observación, no ejecución. No puedes comprar en ChatGPT desde aquí, pero sí puedes mirar cómo se comporta el formato en México y Brasil, que comparten idioma y una parte del catálogo. Y conviene tenerlo en el radar por el otro lado del tablero: cuando esto llegue a la UE, la respuesta que hoy te menciona gratis va a tener un espacio pagado al lado. Vale la pena vigilar quién se lo compra, aunque sea una batalla que ya está dando problemas fuera de ChatGPT.
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