Gallup ha preguntado a 3.270 adultos estadounidenses qué les parece la IA en publicidad. El 49% la ve de forma negativa. El 19%, positiva. El resto, neutral.
La encuesta se hizo entre el 4 y el 11 de mayo de 2026, con un margen de error de ±2,4 puntos. Y un dato de contexto que explica por qué la pregunta ya no es teórica: el 79% dice haber visto anuncios hechos con IA en los últimos 30 días.
Dónde está exactamente la línea
Lo interesante no es el rechazo global, es que Gallup desglosó por uso y los números se separan mucho:
- 75% acepta que la IA se use para lluvia de ideas o borradores, siempre que se comunique.
- 53% acepta que genere el texto, la imagen o el vídeo final.
- 38% acepta personas o voces sintéticas. Es decir, el 62% lo rechaza.
Ese es el mapa. La IA como herramienta interna del equipo creativo pasa sin problema. La IA como sustituto de la cara y la voz de un ser humano, no.
El corte generacional va al revés de lo esperado
Los 18-29 años son el grupo más hostil. 66% de valoración negativa, frente al 51% de los 30-44, el 38% de los 45-59 y el 46% de los mayores de 60. Con las personas y voces sintéticas la brecha se dispara: el 73% de los jóvenes lo considera inaceptable.
Es contraintuitivo. El grupo que suele adoptar antes la tecnología es el que más la rechaza cuando le llega en forma de anuncio. Y encaja con [los datos de Pew que hemos visto esta misma semana](/pew-jovenes-menos-30-recelo-ia/) sobre el recelo de los menores de 30 hacia la IA en general.
También hay corte político: 59% de valoración negativa entre demócratas, 49% entre independientes y 36% entre republicanos.
Las marcas que ya lo están explotando
Cuando el rechazo llega a estos niveles, alguien lo convierte en posicionamiento.
Liquid Death y Garage Beer han lanzado una campaña conjunta contra el consumo de agua de los centros de datos. Andy Pearson, vicepresidente creativo de Liquid Death, lo dijo sin rodeos a Marketing Dive: es "literalmente la única cosa que une a todos los estadounidenses ahora mismo".
Los posts que se burlan de los carteles generados con IA acumulan millones de visualizaciones, con bastante gente reivindicando el WordArt de los primeros 2000. Y no se salvan los pequeños comercios, que normalmente reciben más manga ancha.
Qué hacer con esto si haces marketing
Lo primero: separar producción de resultado. El dato dice que a nadie le importa cómo trabajas por dentro. Le importa lo que ve.
Un equipo que usa IA para generar 40 variantes de copy, elegir tres y grabarlas con personas reales está dentro del 75% que la gente acepta. Un equipo que publica una imagen que huele a generada está en el 53%, y si la imagen tiene una persona sintética, en el 38%.
Lo segundo: los detalles delatan. El rechazo no viene de un juicio ético, viene del reconocimiento visual. La gente ha aprendido a identificar el estilo, y en cuanto lo identifica, el anuncio deja de hablar del producto y empieza a hablar de que usaste IA.
Lo tercero, y es lo que a mí me chirría más: la asimetría del riesgo. Ahorrarte 600 euros de producción y comerte una tanda de comentarios burlándose de tu cartel es un intercambio malo, sobre todo para una marca pequeña que vive de la cercanía.
En Barner usamos IA a diario para generar imágenes de producto y variantes creativas. Lo que no hacemos es publicar nada que se note. La regla interna es simple: si al mirarlo dos segundos piensas "esto es IA", no sale. No por principios, por conversión.
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