Dos de los creadores de vídeo más conocidos de YouTube, Matti Haapoja y Sam "Kold" Kolder, han publicado piezas promocionando la plataforma de IA Higgsfield y se han encontrado con una reacción negativa considerable de su propia audiencia. Lo cuenta The Verge: ninguno de los dos vídeos está etiquetado como publicidad y ni los creadores ni la empresa han respondido a si eran colaboraciones pagadas.
Puntos clave
- Matti Haapoja y Sam "Kold" Kolder, dos referencias del vídeo en YouTube, publicaron piezas mostrando lo que se puede hacer con Higgsfield y su función Seedance 2.5.
- Ninguno de los dos vídeos lleva etiqueta de anuncio. Ni los creadores ni Higgsfield respondieron a las preguntas de The Verge sobre si hubo pago.
- Otros creadores empezaron a publicar capturas de ofertas de colaboración que habían recibido de agencias de relaciones públicas que trabajan para Higgsfield.
- Marques Brownlee cuestionó públicamente la comparación de Haapoja entre la IA generativa y la Canon EOS 5D Mark II: la cámara era una herramienta que había que aprender a usar, y la IA "se entrena con material hecho por humanos sin ningún crédito".
- La descripción del vídeo de Kolder incluye lo que parece un enlace de afiliado con un 30% de descuento en la suscripción anual.
Lo que rompió la confianza no fue la IA
Este es el matiz que hace útil el caso. En los comentarios del vídeo de Kolder hay de todo, incluido bastante entusiasmo. En Threads, la respuesta a Haapoja fue mucho más dura.
La diferencia no está en la herramienta, está en el formato. El vídeo de Haapoja funciona como un publirreportaje: explica cómo se produjo con prompts la película The Cully Hill Boys de Higgsfield y enseña a Seedance 2.5 metiéndolo a él mismo en escenarios de ciencia ficción. El de Kolder cuenta una historia y solo después se convierte en demostración.
Y sobre todo: ninguno lleva la etiqueta. Cuando aparecieron las capturas de las ofertas de las agencias, la audiencia sacó sola la conclusión, que es siempre peor que la declaración.
El coste de la asociación
The Verge apunta a algo que va más allá de estos dos casos. Higgsfield o OpenAI pueden permitirse molestar a una parte del público con su publicidad; forma parte del negocio. Un creador, no.
Un creador construye su audiencia sobre la idea de que es alguien de fiar y con valores parecidos a los suyos. Y en el caso concreto de Haapoja y Kolder, cuyo atractivo es precisamente su creatividad humana como realizadores, respaldar la tecnología que su público percibe como amenaza es un intercambio caro.
Ya pasó este mes con OpenAI y su retiro de influencers en un resort de Nueva York: nadie subió nada sustancial y bastó con las publicaciones sobre el viaje y el merchandising para que sus seguidores se sintieran incómodos.
Higgsfield, mientras tanto, sigue empujando: levantó 400 millones en una serie B y pasó de 20 a 700 millones de ingresos anualizados.
Por qué importa
Si tu empresa está planteándose contenido con IA o colaboraciones con creadores para promocionar herramientas de IA, aquí hay dos lecciones baratas.
La primera es de cumplimiento y de sentido común: etiquetar. En España la obligación existe y en la práctica se cumple a medias, pero el coste reputacional de que se descubra sin declarar es mucho mayor que el de poner "colaboración pagada".
La segunda es de encaje. Antes de asociar tu marca a una herramienta de IA generativa, mira qué piensa tu audiencia concreta de esa tecnología. No es lo mismo un público de desarrolladores que uno de creativos audiovisuales. Con el segundo, la misma campaña puede restar en vez de sumar.
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