OpenAI afirma haber hecho "avances sustanciales" en un segundo problema del milenio, según un reportaje del New York Times firmado por Kenneth Chang. La empresa no dijo de cuál se trata y aseguró que todavía está decidiendo cómo compartir el resultado. En el mismo comunicado negó de forma tajante haberse apoyado en el trabajo del matemático al que se adelantó la semana pasada.
Puntos clave
- OpenAI respondió por escrito a preguntas del New York Times el miércoles por la tarde. Dijo que era "categóricamente" imposible que su sistema se viera influido por nada de lo que Tristan Buckmaster hubiera hecho en los dos últimos meses.
- En ese mismo comunicado afirmó tener avance sustancial en otro de los siete problemas del milenio del Clay Mathematics Institute, sin nombrarlo.
- Buckmaster, matemático de la Universidad de Nueva York, llevaba todo agosto avanzando en Navier-Stokes junto a otro matemático cuando OpenAI anunció su prueba el 8 de septiembre.
- Según el NYT, lo que empujó a la cúpula de OpenAI a meterse en esa lista fueron rumores de que Anthropic había resuelto uno o dos de esos problemas.
El dato nuevo del reportaje
De todo lo que cuenta el NYT, el detalle que cambia la lectura de la semana pasada es el motivo. OpenAI no se puso con Navier-Stokes porque tocara: se puso porque corría el rumor de que Anthropic ya había resuelto uno o dos problemas del milenio.
Eso convierte el anuncio del 8 de septiembre en otra cosa. No fue una demostración de capacidad planificada con calma, fue una carrera contra un competidor sobre un rumor. Y explica el ritmo: menos de una semana desde que se pusieron hasta el anuncio.
El premio del Clay Institute es un millón de dólares por la primera prueba que pase una revisión rigurosa. Para OpenAI, un millón de dólares no es el incentivo. Los 22,5 millones que costó el cómputo de la prueba, a precio de mercado, dan la medida de lo poco que pinta el premio en esta historia.
La acusación y el desmentido
La parte incómoda es la humana. Buckmaster llevaba agosto trabajando en el mismo problema y, cuando salió el anuncio, la conversación en redes empezó a sugerir que los agentes de OpenAI habían encontrado e incorporado su trabajo reciente.
OpenAI lo niega sin matices. Dice que es "categóricamente" imposible que su sistema se viera influido por nada de lo que Buckmaster hizo en los dos últimos meses. Es una negativa fuerte, y conviene registrarla como lo que es: la versión de una de las partes, no un hecho verificado por un tercero.
Lo que sí es verificable es la asimetría. Buckmaster y su colega llevaban semanas. OpenAI resolvió en menos de una semana con 10.000 agentes en paralelo durante 88 horas. Los dos trabajos existieron a la vez sobre el mismo problema, y solo uno de los dos tenía un presupuesto de cómputo de ocho cifras.
El segundo problema, y lo que no se sabe
Sobre el segundo problema, OpenAI no ha dicho nada más que la frase. No hay nombre, ni prueba, ni fecha.
El analista Andrew Curran ha apuntado que el rumor entre quienes siguen esto de cerca es la conjetura de Hodge, y ha especulado con que el modelo interno sin publicar podría llamarse Aeon. OpenAI no ha confirmado ninguna de las dos cosas, así que hay que tratarlo como lo que es: rumor.
Lo único confirmado por la propia empresa es que el modelo que produjo la prueba de Navier-Stokes es interno y bastante más capaz que GPT-6 Astra, y que sigue sin publicarse.
La prueba de fuego es otra, y es la misma de siempre en matemáticas. La de Navier-Stokes está formalizada en Lean, lo que significa que una máquina puede verificar cada paso lógico sin que nadie tenga que fiarse. Si el segundo resultado llega igual de formalizado, la discusión sobre quién lo hizo antes importará menos que el hecho de que se pueda comprobar. Si llega sin formalizar, será un anuncio.
Los problemas del milenio son siete, los fijó el Clay Mathematics Institute en el año 2000 y hasta ahora solo se había resuelto uno, la conjetura de Poincaré. Que una empresa privada diga en una misma semana que ha resuelto el segundo y que va bien encaminada con el tercero es un cambio de escala que todavía nadie ha digerido, y que el propio sector está mirando con la ceja levantada.
Conviene además separar las capas de esta noticia, porque no todas pesan igual. Que OpenAI hizo declaraciones al New York Times está confirmado por el reportaje y lo recogen ese mismo día tanto The Rundown como The Neuron. Que el segundo problema sea la conjetura de Hodge es rumor de una sola persona. Y que el modelo interno se llame Aeon es especulación sobre el rumor. Los tres viajan juntos en las redes como si fueran lo mismo.
Por qué importa
Esta historia no cambia nada en la operativa de una empresa mañana por la mañana, pero dice dos cosas sobre el momento que vale la pena apuntar.
La primera es que la carrera entre laboratorios ya se corre sobre rumores. OpenAI se metió en un problema de matemáticas porque oyó que Anthropic iba por ahí. Cuando el calendario de una empresa de esta talla lo marca lo que se dice del vecino, los anuncios hay que leerlos con esa clave.
La segunda es sobre el método. Lo que hizo posible el resultado no fue un modelo más listo trabajando solo, fue poder lanzar miles de intentos en paralelo sobre un problema donde la respuesta se puede verificar mecánicamente. Ese patrón, muchas tentativas baratas más una comprobación automática, es exactamente el que funciona en una empresa: no en matemáticas, sino en cualquier tarea donde puedas escribir la regla que dice si el resultado está bien. Si tienes esa regla, puedes soltar la IA a probar. Si no la tienes, escribirla es el trabajo previo, y casi siempre es el que nadie quiere hacer.
Fuente original: The New York Times
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