SoftBank donó 50 millones de dólares a la fundación de la biblioteca presidencial de Donald Trump meses antes de cerrar con el Departamento de Energía el arrendamiento de unas instalaciones federales para un centro de datos de IA. La secuencia la ha puesto sobre la mesa The Verge.
Puntos clave
- Los 50 millones son una de las mayores aportaciones conocidas al proyecto de la biblioteca. Están destinados a la sección sobre la alianza entre Estados Unidos y Japón.
- Meses después, dentro del acuerdo comercial y de inversión entre ambos países, más de 20 empresas se comprometieron con un complejo de gas natural e IA en Piketon, Ohio.
- SoftBank y su filial energética SB Power lideraron ese consorcio, conocido como Portsmouth Consortium, que reconvierte instalaciones en desuso del Departamento de Energía.
- SoftBank acordó arrendar una antigua planta de enriquecimiento de uranio al propio Departamento de Energía para levantar el centro de datos.
Lo que se sabe y lo que no
Lo que está documentado es la secuencia y las cantidades. Lo que nadie ha demostrado es una relación causal entre una cosa y la otra, y conviene decirlo así de claro.
Varios senadores demócratas, entre ellos Elizabeth Warren y Richard Blumenthal, llevan desde julio pidiendo explicaciones a SoftBank sobre la donación y a la fundación de la biblioteca sobre donaciones que no aparecen en las cuentas. La cobertura de The Washington Post recoge esas peticiones.
SoftBank no es un actor nuevo en este terreno. Masayoshi Son ha aparecido varias veces en la Casa Blanca junto al presidente y prometió invertir 100.000 millones de dólares en empresas estadounidenses durante este mandato. La compañía es además uno de los mayores respaldos financieros de OpenAI.
Por qué el terreno federal importa tanto
Un centro de datos de IA necesita tres cosas difíciles de juntar: mucha energía, mucha agua y permisos. Una antigua planta de enriquecimiento de uranio del Departamento de Energía ya tiene conexión eléctrica de gran capacidad, refrigeración y un expediente ambiental abierto desde hace décadas.
Eso se traduce en años de ventaja frente a quien tenga que pedir la conexión desde cero. En Texas ya hay una auditoría en marcha sobre el impacto de los centros de datos en la red eléctrica, y el cuello de botella del sector se ha movido de los chips a los megavatios.
Por eso el acceso a suelo e infraestructura pública es hoy uno de los activos más disputados del negocio de la IA, y por eso mirar quién lo consigue y cómo deja de ser una cuestión de crónica política.
Piketon encaja en ese perfil como pocos sitios. Es el emplazamiento de la antigua planta de Portsmouth, un complejo de enriquecimiento de uranio que operó durante décadas y lleva años en desmantelamiento. Tiene subestaciones dimensionadas para una carga industrial enorme, agua y una comunidad local que lleva tiempo esperando que alguien traiga empleo. Que el consorcio se llame Portsmouth Consortium y sume a más de veinte empresas de los dos países da idea del tamaño de la operación.
El gas natural que acompaña al proyecto es la otra pata. Conectar un centro de datos de IA a la red sin más se ha vuelto imposible en muchos estados por los plazos de la propia red, así que la salida es generar en el sitio. Eso convierte a las eléctricas y a las gasistas en socios necesarios de cualquier proyecto grande, y explica por qué SB Power aparece liderando junto a la matriz.
Por qué importa
La lectura útil aquí no es la de la polémica estadounidense.
Es que la capa física de la IA se está repartiendo ahora, y se reparte con criterios que tienen tanto de político como de técnico. Los emplazamientos con energía disponible son limitados, y quien los cierre marca dónde va a ser barato computar durante la próxima década.
Para una empresa europea eso se traduce en algo concreto: la latencia, el precio y la soberanía del dato de tus cargas de IA dependen de decisiones de suelo que se están tomando estos meses a miles de kilómetros. Si tienes requisitos de que el dato no salga de la UE, esa conversación con tu proveedor de nube conviene tenerla antes de que el mapa esté cerrado, no después.
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