El fondo de IA más comentado de Wall Street ha pasado de unos 45.000 millones de dólares bajo gestión a unos 10.000. Situational Awareness, el vehículo de Leopold Aschenbrenner, ha liquidado casi toda su cartera pública tras el desplome de sus apuestas apalancadas. Y aun así le queda la pieza que puede salvarlo todo.
Puntos clave
- Activos bajo gestión: unos 45.000 millones en el pico, unos 20.000 hace pocos meses, unos 10.000 ahora.
- Acumulaba un 439% de rentabilidad en el año hasta junio.
- Vendió SK Hynix, Sandisk, Bloom Energy y Nebius Group. Las cuatro cayeron más de un 30% en un mes.
- Citadel, el fondo de Ken Griffin, se quedó con la mayor parte de esa cartera pública.
Quién es Aschenbrenner
Tiene 25 años. Entró en Columbia a los 15 y se graduó primero de su promoción a los 19. En 2023 fichó por el equipo de superalignment de OpenAI y salió un año después: la empresa lo despidió por "divulgación indebida de información interna".
Montó Situational Awareness sin experiencia previa en trading. Le entraron Jane Street, los hermanos Collison de Stripe, Daniel Gross y Nat Friedman. La tesis era simple y agresiva: si la IA va a ser lo que él cree, todo lo que la alimenta (memoria, almacenamiento, energía, cómputo) se queda corto durante años.
Durante un año y medio, esa tesis funcionó espectacularmente bien. Un 439% hasta junio.
Qué salió mal
El problema no fue la tesis, fue el apalancamiento. Las posiciones estaban construidas con deuda, y cuando SK Hynix, Sandisk, Bloom Energy y Nebius corrigieron más de un 30% en un mes, el fondo tuvo que deshacerlas a la vez.
Vender toda una cartera concentrada bajo presión es la peor manera posible de vender. Citadel compró la mayor parte, que es lo que suele pasar: el que tiene liquidez recoge lo que suelta el que no la tiene.
De 20.000 millones a 10.000 en cuestión de semanas.
La carta que le queda
Situational Awareness conserva su participación en Anthropic, valorada en unos 5.000 millones de dólares. Es decir, la mitad de lo que le queda al fondo está en una sola compañía privada.
Anthropic se valoró en 965.000 millones en la Serie H de mayo y se espera su salida a bolsa tan pronto como en octubre, potencialmente por encima de esa cifra. Si la IPO sale bien, la participación se revaloriza y el desastre público se convierte en una nota a pie de página.
También mantiene posiciones en MatX, fabricante de chips, y en Fluidstack, que en abril negociaba una ronda a 18.000 millones de valoración.
El detalle interesante es cuál de las dos carteras ha aguantado. La pública, apalancada y líquida, se ha evaporado en semanas. La privada, ilíquida y sin poder venderse aunque quisiera, sigue entera y es hoy lo que sostiene el fondo. Un fondo que no puede vender su mejor activo ha resultado estar mejor protegido que uno que sí podía vender el resto.
Por qué importa
Esto no es una noticia de bolsa. Es un termómetro de qué parte del dinero de la IA es real.
El fondo acertó de pleno en la dirección: la demanda de memoria, almacenamiento y energía para IA está ahí y no se ha ido a ninguna parte. Los ingresos también están: OpenAI y Anthropic juntas suman 120.000 millones de ingresos anualizados. Lo que reventó fue la estructura financiera montada encima, no el negocio de abajo.
Esa distinción vale para cualquiera que esté decidiendo cuánto invertir en IA este año. Los proveedores son sólidos y sus ingresos crecen. El sector alrededor está financiado con deuda y valoraciones que se mueven un 30% en un mes.
Traducido a algo accionable: cuando elijas herramienta, mira quién factura de verdad y quién vive de la siguiente ronda. Un proveedor que desaparece a mitad de tu implantación cuesta bastante más que la diferencia de precio que te ofrecía.
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