OpenAI ha pedido a un juez federal que tire abajo la demanda por secretos comerciales que le puso Apple. En una moción de 31 páginas presentada el 5 de agosto, la compañía llama a la demanda "podrida hasta la médula", devolviéndole a Apple una expresión suya, y construye su defensa sobre un giro poco habitual: si Apple no protegía bien esa información, entonces no era secreto comercial.
Puntos clave
- La moción se presentó el 5 de agosto de 2026 y ocupa 31 páginas.
- OpenAI sostiene que la demanda se interpuso "sin investigación adecuada" y se apoya en "comunicaciones citadas selectivamente y conducta ordinaria sacada de contexto".
- El argumento central señala prácticas internas de Apple: permitir cuentas personales de iCloud para trabajo y no revocar accesos tras la salida de empleados.
- Apple escaló el caso el 4 de agosto pidiendo una medida cautelar previa.
- La vista sobre esa medida está fijada para el 1 de octubre.
De qué va el pleito
Apple demandó a OpenAI en julio acusándola de llevarse secretos de su programa de hardware a través de antiguos empleados fichados por la compañía. La causa está ligada al dispositivo que OpenAI desarrolla con Jony Ive, y así lo contamos cuando se presentó la demanda.
La estrategia legal de OpenAI evita el terreno donde Apple quería la pelea. En lugar de discutir si tal ingeniero accedió a tal documento antes de irse, ataca la premisa: para que algo sea un secreto comercial protegible por ley, su dueño tiene que haber tomado medidas razonables para mantenerlo secreto.
Ahí es donde entran los exhibits presentados. Según la moción, Apple dejaba que empleados usaran cuentas personales de iCloud para material de trabajo, y en al menos un caso un directivo pudo acceder a la cuenta de iCloud de un ingeniero que ya había salido de la compañía. Si la información circulaba por cuentas personales sin control, argumenta OpenAI, difícilmente estaba protegida como exige el estándar legal.
Los tiempos aprietan
Apple no se ha quedado quieta. El 4 de agosto pidió una medida cautelar que impediría a OpenAI usar la información en disputa mientras el pleito avanza. Ese es el movimiento que de verdad puede doler: una cautelar concedida ralentiza el programa de hardware de OpenAI durante meses o años.
El juez escuchará los argumentos el 1 de octubre. Hasta entonces, las dos empresas van a seguir litigando por escrito y filtrando lo que les conviene.
El calendario tiene su ironía. La misma semana en que OpenAI pide desestimar el caso, Bloomberg ha publicado detalles del dispositivo que está en el centro de la disputa: un altavoz sin pantalla, del tamaño de un disco de hockey, con precio estimado entre 300 y 400 dólares.
Qué probabilidad tiene de prosperar
Las mociones de desestimación se conceden pocas veces en casos de secretos comerciales, porque en esta fase el juez tiene que dar por buenos los hechos que alega el demandante. Para tumbar la demanda entera haría falta que Apple no haya descrito con suficiente detalle qué información concreta es secreta, algo que los tribunales de California sí exigen.
Ahí es donde OpenAI está apretando cuando habla de "comunicaciones citadas selectivamente" y de "conducta ordinaria sacada de contexto". El mensaje al juez es que Apple no ha identificado un secreto, sino que ha juntado correos y contrataciones normales del sector.
Lo más probable es que el caso sobreviva parcialmente y siga adelante en descubrimiento de pruebas, que es la fase cara y larga. Y donde las dos partes van a tener que entregar documentación interna que ninguna quiere enseñar.
Por qué importa
Más allá del morbo del choque entre Apple y OpenAI, aquí hay una lección práctica para cualquier empresa que tenga know-how que proteger.
La ley no protege lo que tú consideras secreto. Protege lo que puedes demostrar que tratabas como secreto. Cuentas personales para material de trabajo, accesos que no se revocan cuando alguien se va, carpetas compartidas con permisos abiertos: cada una de esas cosas es munición para la otra parte el día que haya pleito.
Si en tu empresa hay procesos, prompts, integraciones o datos de cliente que consideras ventaja competitiva, la pregunta útil es qué documentación tienes de que los proteges. Un inventario de accesos y un procedimiento de baja escrito valen más que cualquier cláusula de confidencialidad genérica.
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